DEL PODER A LA DESCONEXIÓN: EL PERONISMO FRENTE AL JUICIO SOCIAL EN LA ERA DE JAVIER MILEI.
A partir de la nota publicada en el blog Restaurar, Miguel Saredi reflexiona sobre la crisis del peronismo como una brecha entre discurso y realidad, y plantea la necesidad de una reconstrucción basada en la producción, el trabajo y una nueva síntesis que recupere la identidad histórica del movimiento frente a los desafíos del presente.
Por: Miguel Saredi – Ex Diputado Nacional – Afiliado PJ Provincia de Bs As.
En el escenario político actual, Miguel Saredi sostiene que el peronismo atraviesa una de las encrucijadas más profundas de su historia reciente. Según su lectura, no se trata solo de una crisis electoral o de liderazgo, sino de una tensión estructural: la distancia creciente entre el relato construido en los últimos años y la realidad cotidiana de millones de argentinos.
La reflexión se apoya en la nota “Milei o la política como escena, ruptura y revancha”, publicada en restaurarg.blogspot.com. Allí, advierte Saredi, el análisis sobre el discurso presidencial y la dinámica política contemporánea ofrece claves interpretativas para comprender el momento argentino.
En ese marco, el autor considera pertinente recuperar la idea de que en la Argentina actual “la política no es administración: es escena”. A su juicio, esa caracterización describe el estilo del gobierno vigente y, a la vez, permite observar en espejo una falencia del peronismo reciente: haber priorizado la construcción del relato por sobre la resolución efectiva de los problemas materiales.
Saredi plantea que el problema no se explica por diferencias personales al interior del movimiento. En cambio, apunta al rumbo asumido por algunos de sus sectores más influyentes. En particular, entiende que el desplazamiento del eje histórico del justicialismo —sustentado en el trabajo, la producción y la movilidad social ascendente— hacia una agenda predominantemente cultural habría debilitado la identidad política.
Tal como sintetiza el análisis citado, “se produjo así una fractura silenciosa entre relato y experiencia”. Para el autor, la expresión resume con precisión lo que ocurrió en los últimos años: una disociación progresiva entre lo que la política decía y lo que vivían quienes sostenían electoralmente al espacio.
Durante el ciclo kirchnerista, sostiene, se consolidó una narrativa que privilegió debates simbólicos. Si bien esos debates son legítimos, remarca que no lograron dar respuestas a las urgencias materiales de la sociedad. En paralelo, agrega, la alianza con sectores de la izquierda universitaria, mediática y cultural permitió construir una hegemonía discursiva intensa, aunque —a su entender— se pagó el costo de perder conexión con amplias franjas del electorado.
En esa línea, retoma una formulación del análisis: esa hegemonía tuvo “un costo material”. Mientras el discurso se sofisticaba, “la inflación devoraba salarios” y la estructura productiva se debilitaba. El contraste, sostiene, fue cada vez más evidente.
El alejamiento entre lo que se decía desde la política y lo que atravesaban los ciudadanos terminó erosionando la credibilidad del espacio, y habilitó una reacción social y política de gran magnitud. Para Saredi, en ese contexto no sorprende que el actual presidente haya construido parte de su legitimidad sobre una impugnación directa: “Ustedes son los responsables del desastre”.
El mismo análisis, recuerda el autor, precisa que esa frase no fue solo una crítica coyuntural, sino una “impugnación moral del sistema entero”.
A partir de allí, Saredi entiende que el proceso explica tanto el desgaste electoral como un agotamiento conceptual más profundo. Plantea que cuando un proyecto político deja de ofrecer un horizonte económico claro, pierde su razón de ser. Ese, afirma, es el punto de inflexión que hoy enfrenta el peronismo.
Sin embargo, lejos de presentar un escenario de declive definitivo, remarca una característica histórica del movimiento: su capacidad de transformación. En ese sentido, coincide con la autora del análisis al afirmar que “el peronismo nunca desaparece; muta”. Para el autor, esa mutación no es una debilidad, sino su fortaleza principal.
Desde esa premisa, el contexto actual abre una oportunidad para reconstruir un peronismo con identidad nacional, productiva y soberana. Un peronismo que recupere su esencia histórica sin quedar atrapado en debates que, aunque importantes, no pueden sustituir la centralidad del desarrollo económico.
El eje de esa reconstrucción debe volver a ubicar en el centro al trabajo, la industria y la generación de riqueza. Para Saredi, no se trata de abandonar la agenda de derechos, sino de comprender que sin desarrollo económico sostenido no hay posibilidad real de justicia social. En el mismo sentido, interpreta la advertencia del análisis citado: cuando la política se desconecta de la realidad material, pierde capacidad de transformación.
En el plano político, el desafío aparece como una necesidad de recuperar una síntesis que permita reconciliar al peronismo con su base histórica: combinar inclusión social con crecimiento económico y volver a ofrecer un horizonte concreto de progreso.
En ese marco, el autor sostiene que tanto La Cámpora como otros sectores del justicialismo deberán revisar sus prioridades si pretenden construir una alternativa competitiva frente al gobierno de Javier Milei. En su lectura, la disputa no será únicamente electoral, sino también conceptual. “La batalla es óptica antes que jurídica”, cita a partir del análisis, pero advierte que sin resultados económicos concretos ninguna construcción simbólica logra sostenerse en el tiempo.
La consigna final que Saredi retoma remite a un principio de origen: “sin producción no hay Nación, y sin trabajo no hay justicia social”. Y añade que este momento histórico muestra —según el análisis mencionado— que dominar el relato puede ordenar el presente, pero solo la transformación real de las condiciones de vida permite construir futuro.







