El intendente Arturo Rojas manifestó con firmeza su rechazo hacia la decisión judicial que suspendió la subasta del Complejo Casino Necochea, prevista para el 11 de febrero con un precio base de 3,3 millones de dólares.
Durante la apertura del período de sesiones ordinarias 2026 en el Concejo Deliberante, Rojas defendió la transparencia del proceso y cuestionó la cautelar que paraliza un proyecto fundamental para la ciudad. “Nuestro objetivo es terminar con la postal de abandono y lograr que el casino vuelva a ser lo que tiene que ser para Necochea”, afirmó en clara muestra de su compromiso con la revitalización local.

La subasta fue suspendida por una cautelar dictada por el Juzgado en lo Contencioso Administrativo local, a raíz de un reclamo de la ingeniera Susana Laborde, que planteó la ausencia de documentación solicitada antes de la aprobación de la ordenanza habilitante para el remate.
Rojas expresó preocupación por la incertidumbre que genera esta suspensión sobre el compromiso de los inversores privados. “No sé hasta cuándo el grupo inversor mantendrá vigente la garantía para participar de la subasta”, declaró, destacando que A Toda Vela S.A. es actualmente la única firma interesada, la cual también compitió por la adjudicación del ex Balneario ACA, vecino al casino.

El Rotary Club de Necochea manifestó públicamente su apoyo al proceso de subasta y remarcó que el proyecto cuenta con la aprobación del Concejo Deliberante, subrayando que “el pueblo gobierna a través de sus representantes”. Además, advirtió que suspender la subasta implicaría frenar una decisión ampliamente consensuada y debatida socialmente.
De emblemático ícono turístico a un desafío urgente para la gestión local
El Complejo Casino de Necochea fue un emblema de la ciudad y de la Costa Atlántica durante los 80 y 90, consolidándose como uno de los casinos más importantes de Sudamérica. Inaugurado en 1973, albergaba más de 50 mesas de juego, bowling, discoteca, pista de patinaje, piscina, galerías comerciales y un teatro.

No obstante, la falta de inversión y mantenimiento desde principios de los 2000, sumada a la disminución del turismo y tres incendios importantes en 1978, 2001 y 2020, derivaron en su abandono, convirtiendo al complejo en un “elefante blanco” costero de 8.000 metros cuadrados, una dolorosa postal que la gestión actual está resuelta a revertir.







